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Calzado y botas Gore-Tex

Calzado de montaña | Botas Gore-Tex

DECÁLOGO DEL CALZADO DE MONTAÑA

• 1- Comprar el calzado de montaña al final de la jornada, con el pie un poco dilatado.

• 2- Al probarse el calzado de montaña: con el talón bien calado y los dedos estirados, debe quedar entre estos últimos y la puntera un espacio de 1 a 1,5 cm. (Nota: si los pies ya están alg...

Calzado de montaña | Botas Gore-Tex

DECÁLOGO DEL CALZADO DE MONTAÑA

• 1- Comprar el calzado de montaña al final de la jornada, con el pie un poco dilatado.

• 2- Al probarse el calzado de montaña: con el talón bien calado y los dedos estirados, debe quedar entre estos últimos y la puntera un espacio de 1 a 1,5 cm. (Nota: si los pies ya están algo dilatados, sugiero reducir algo ese margen).

• 3- El contrafuerte estará cómodamente ajustado al talón y será lo suficientemente firme como para asegurar estabilidad.

• 4- La utilización correcta es fundamental: el talón bien calado y el atado ni prieto ni flojo sino cómodo, impidiendo que el talón se desplace.

• 5- Probarse el calzado de montaña con el mismo calcetín que utilizaremos al caminar. Los calcetines estarán bien ajustados al pie, ni holgados ni estrechos. Preferiblemente serán de mezcla de algodón y fibra sintética y se cambiarán varias veces al día si fuera necesario.

• 6- Se le exigirán a las botas de montaña las mejores condiciones de transpirabilidad. Mejor si son de cuero.

• 7- Adaptar las botas de montaña al pie poco a poco.

• 8- Sacar todos los cuerpos extraños de su interior para que no agredan a nuestros pies.

• 9- Después de una excursión, limpiar y secar bien, aireándolos, pero sin calor.

• 10- Lustrar las botas de montaña alternativamente con grasa y betún después de secar bien.

 

EL CALZADO PARA MEDIA Y BAJA MONTAÑA

Si andar es la base del montañismo, era lógico que, antes o después, llegara este pequeño artículo sobre el calzado. Y es que la evolución, que no en todo nos ha servido para mejorar, nos ha dotado de unos pies que a los "urbanitas" difícilmente nos permitirían sobrevivir descalzos. Para evitar los perjuicios de esa "delicadeza", tenemos que recurrir al calzado.

¿Qué buscamos en él? Con diversos matices en función del terreno en que nos vamos a mover, el calzado debe proporcionarnos protección, adherencia y amortiguación, unido todo ello a ligereza, en la medida en que sea posible.

Cuál elegir

Si nos centramos en el ambiente de baja y media montaña, la elección más frecuente de material puede hacerse entre las botas de cuero, las que podemos denominar "de trekking" y las deportivas. Cada uno de estos materiales tiene sus ventajas e inconvenientes.       

Por ejemplo, las botas de cuero ofrecen más protección y abrigo frente a inclemencias del tiempo, pero pesan bastante más que las otras dos posibilidades. Por ello serán adecuadas en las salidas invernales, pero no tanto en el resto del año, excepto en determinados terrenos.

Las de trekking son un buen compromiso en cuanto a protección, amortiguación y ligereza. Por otra parte, su impermeabilidad se consigue gracias a materiales interiormente recubiertos mediante membranas porosas que permitirían incluso la salida de vapor de agua. La realidad es que, con el uso, esa propiedad de resistirse al paso del agua se va perdiendo, manteniendo su comodidad en el resto de las situaciones y ofreciendo una correcta protección frente a terrenos desiguales o torceduras.

Las deportivas en general se benefician de buenas condiciones de amortiguación y son, sin duda las más ligeras, aun cuando en ocasiones sólo sea unos 300 gr. menos por par respecto a algún material de trekking. Sin embargo, para hacer marchas largas, el peso en los pies es muy importante, hasta el punto de que esos 300 gr de más en los pies producen un gasto de energía equivalente a llevar un lastre de más de 1,5 kg en la espalda. En cambio, su protección en terreno desigual deja mucho que desear.

Cómo comprar el calzado

Elegido el tipo de material idóneo para nuestro objetivo y temporada del año, debemos adquirirlo y también esto tiene sus pequeños trucos. Los pies no siempre tienen el mismo volumen. Cuando nos levantamos de la cama, después de un descanso reparador, la posición horizontal del cuerpo facilita el reparto uniforme de todos sus líquidos. Sin embargo, si permanecemos unas horas en pie, las piernas tenderán a hincharse más o menos en función de la actividad y las personas. Para compensar ese aumento de tamaño de los pies, que se dará también durante las marchas de monte, será bueno probarnos y comprar el calzado por la tarde o lejos, al menos, de la situación de reposo. Por otra parte, no todos tenemos la misma forma de pisar. Algunas personas apoyan una gran parte de la superficie de la planta de los pies, otras un término medio y otro grupo toca el suelo tan sólo con el talón y el antepié, quedando casi todo el resto del arco plantar en el aire. Esas tres situaciones, que simplificando se denominan pie plano, normal y cavo, respectivamente, pueden aconsejarnos el uso de un tipo de calzado que corrija en parte los apoyos anormales. Así y en general, quien tenga pies planos puede beneficiarse adquiriendo calzado de horma recta y, en cambio, a las personas con pies cavos les iría mejor una horma curva, utilizando horma media el resto. Conviene recordar también que muchos fabricantes tienen en cuenta las diferencias de pies en función del género, existiendo diseños para hombre y para mujer. Al probar el material, utilizando calcetines similares a los que después usaremos, debemos dejar un espacio libre entre la punta de los dedos y la puntera. Con unos 5 a 10 mm, en función de que habitualmente se nos hinchen poco o mucho los pies, será suficiente para permitir los pequeños desplazamientos del pie durante la marcha en los ascensos y descensos. Por otra parte, deberemos comprobar que, bien atado, el calzado no permite deslizamientos excesivos en su interior ni movimientos de ascenso del talón cuando flexionamos los pies, por ejemplo, durante el ascenso de cuestas.

Atar los cordones… bien

Una vez adquirido un buen material no debemos echar por tierra sus virtudes utilizándolo de forma inadecuada. Por ejemplo los defectos más frecuentes se producen en el atado de los cordones. Hay que comenzar a tensarlos desde los ojales más bajos hacia arriba, no conformándose con tirar sólo de los dos o tres superiores. Además, quienes tengan empeines muy elevados, siendo propensos a sufrir compresiones, con hinchazón e incluso calambres, pueden solucionar parte de sus problemas si evitan cruzar sobre ellos el cordón, salvando esa zona tal como se aprecia en la figura 2. Otro detalle importante para mantener nuestra salud es el de evitar rodear con los cordones la zona del tobillo y pierna. Incluso si al salir de casa los ponemos sujetando la parte superior de la bota, es muy posible que se muevan de esa posición y acaben presionando sobre el tendón de Aquiles que, al estar poco protegido frente a ese roce constante, puede sufrir una tendinitis aguda que nos amargará la excursión y mucho tiempo después. En cualquier caso, conviene repasar el estado de los cordones periódicamente y, sobre todo, en los cambios de inclinación del terreno, es decir, al comienzo de las subidas y bajadas, ya que poco a poco el pie, los calcetines y el calzado se van adaptando y pueden quedar flojos, favoreciendo la aparición de rozaduras y otras lesiones. Dónde no secar y no guardar Por fin, tan importante como elegir bien es tratarlo bien. El calzado tiene en su interior materiales que pueden perder sus cualidades, incluso de forma permanente, si se guardan en lugares muy calientes, produciendo luego lesiones en los pies. Por ejemplo, en un maletero al sol o cerca de la calefacción y con peso encima pueden deformarse algunas de sus partes, como la media suela y alterar el apoyo plantar. Tampoco debemos secar el calzado junto a radiadores, con aire caliente de secadores de pelo o al sol, sino sacando la plantilla interior y dejándolo desatado en un lugar bien ventilado o con algún papel absorbente en su interior que será periódicamente cambiado.

Dónde no secar y no guardar

Por fin, tan importante como elegir bien es tratarlo bien. El calzado tiene en su interior materiales que pueden perder sus cualidades, incluso de forma permanente, si se guardan en lugares muy calientes, produciendo luego lesiones en los pies. Por ejemplo, en un maletero al sol o cerca de la calefacción y con peso encima pueden deformarse algunas de sus partes, como la media suela y alterar el apoyo plantar. Tampoco debemos secar el calzado junto a radiadores, con aire caliente de secadores de pelo o al sol, sino sacando la plantilla interior y dejándolo desatado en un lugar bien ventilado o con algún papel absorbente en su interior que será periódicamente cambiado.

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